En las primeras etapas escolares, cada gesto de cuidado y cada palabra de ánimo ayudan a los niños a sentirse seguros y felices en el Colegio. En el Edificio de Infantil, 1º y 2º de Primaria, el equipo de monitoras desempeña un papel fundamental en el día a día de los alumnos más pequeños. Hablamos con Mª Carmen Spínola, responsable de monitoras para conocer de cerca cómo trabajan, cómo acompañan a los niños en sus rutinas diarias y qué valores fomentan en estas edades tan importantes para su desarrollo.
¿Cuál es la principal misión de las monitoras en las aulas con los alumnos más pequeños?
Nuestra misión principal es que los niños se sientan como en casa. Somos sus “manos amigas” durante todo el día. Estamos con ellos desde que entran por la puerta del colegio y les acompañamos en muchos momentos de su jornada: en el patio, en el comedor y también en la hora de la siesta cuando tienen 3 años, para que descansen tranquilos.
Además, ayudamos a las profesoras en todo lo que necesiten para que la clase funcione con normalidad. Así evitamos que tengan que ausentarse si surge cualquier imprevisto: llevar a un niño al médico, limpiar pintura que se ha derramado o atender pequeños accidentes del día a día, como un escape de pipí. Nuestra presencia permite que todo siga funcionando con calma y naturalidad.
Su presencia en el aula es constante a lo largo de la jornada. ¿Cómo se organiza el trabajo para apoyar al profesorado y atender las necesidades de los niños en su día a día?
Dentro del equipo de monitoras distinguimos entre las monitoras de 3 años y el resto.
En las aulas de 3 años, la monitora está siempre dentro del aula junto a la profesora. Somos como sus “manos extra” durante toda la jornada. Mientras la profesora explica o realiza actividades, nosotras estamos pendientes de todo lo demás para que ningún niño se sienta perdido.
Nos organizamos para cubrir todas sus necesidades. Les ayudamos a ir al baño, a lavarse las manos y a mantenerse limpios y cómodos. En el recreo vigilamos que jueguen seguros y, en la siesta, creamos un ambiente tranquilo para que puedan descansar. En el comedor también estamos con ellos, fomentando su autonomía y ayudándoles a que coman de todo y cada vez mejor. Además, conocemos perfectamente las intolerancias o necesidades alimentarias de cada alumno.
A partir de los 4 años y hasta 2º de Primaria, los niños van ganando independencia, por lo que ya no estamos todo el tiempo dentro del aula. Sin embargo, seguimos siendo un apoyo muy importante.
Estamos presentes en momentos clave del día: en el aula matinal, recibiéndolos con una sonrisa; en los recreos y en el comedor, cuidando que coman bien y jueguen felices y seguros; y siempre que la profesora nos necesita ante cualquier imprevisto. Si un niño se encuentra mal, necesita cambiarse de ropa o surge cualquier situación, acudimos rápidamente.
Aunque ya no estemos en cada minuto de la clase, los niños saben que somos un referente para ellos. Si necesitan un abrazo, una tirita o ayuda para abrocharse el abrigo, saben que siempre pueden contar con su equipo de monitoras.
Para muchos alumnos, ustedes se convierten en una figura de referencia muy cercana. ¿Cómo se construye ese vínculo de confianza y seguridad con los niños desde los primeros días de colegio?
Ese vínculo se construye con mucha paciencia y, sobre todo, con mucho cariño.
Para que confíen en nosotras hacemos cosas muy sencillas, pero que para ellos son muy importantes: escuchamos sus historias, les preguntamos por su juguete favorito, por su mascota o por lo que han desayunado. Cuando ven que nos interesamos por sus cosas, se sienten importantes y seguros.
Si se dan un golpe o se sienten tristes, saben que nuestro regazo siempre está disponible. Ese pequeño momento de consuelo hace que, al día siguiente, entren al colegio más tranquilos y nos busquen para darnos un abrazo.
La confianza se gana día a día, estando a su lado tanto en los momentos buenos como en los difíciles. Ver cómo pasan de llorar el primer día a entrar corriendo para saludarnos es, sin duda, el mejor regalo de nuestro trabajo.
Además del apoyo en rutinas, su labor tiene un importante componente educativo. ¿Qué hábitos y valores se fomentan especialmente en estas etapas?
Aunque pueda parecer que solo ayudamos en las rutinas, en realidad cada momento del día es una oportunidad para aprender.
Ponemos mucho empeño en que los niños vayan siendo cada vez más autónomos y buenos compañeros. Por ejemplo, trabajamos mucho la autonomía, enseñándoles a ponerse el abrigo solos, a recoger los juguetes después de jugar o a responsabilizarse de sus cosas. Es muy bonito ver la cara de orgullo que ponen cuando descubren que ya pueden hacerlo por sí mismos.
También fomentamos el respeto y el compañerismo. Les recordamos la importancia de pedir las cosas “por favor”, dar las “gracias”, compartir y pedir perdón si han tenido algún conflicto con un amigo.
Otro aspecto fundamental es el orden y la higiene: lavarse las manos antes de comer, limpiarse después o mantener sus cosas recogidas. Estas rutinas les dan seguridad y les ayudan a crecer de forma saludable.
Y, por supuesto, trabajamos la paciencia, enseñándoles a esperar su turno en el comedor o en el recreo y a respetar a los demás.
Nuestro objetivo es que, además de aprender letras y números con sus profesores, aprendan también a convivir, a ser educados y a desenvolverse cada vez con más autonomía.
Desde su experiencia, ¿qué destacaría como el principal valor que aporta la labor de las monitoras al bienestar y desarrollo de los niños en estas primeras etapas escolares?
Sin duda, el principal valor es el trabajo en equipo con las profesoras. Estamos en constante comunicación y eso nos permite cuidar mejor a cada niño.
Si un alumno no ha desayunado bien, si ha estado triste en el recreo o si hoy está especialmente contento, nos lo contamos enseguida. Así todas sabemos cómo acompañarlo mejor durante el día.
Esa coordinación hace que no se nos escape nada. El niño se siente atendido y comprendido en todo momento. Además, las familias saben que profesoras y monitoras trabajamos juntas y en la misma dirección.
Muchas veces las profesoras nos piden que estemos especialmente pendientes de algún alumno en el recreo porque lo han visto más sensible o porque necesita un poco más de apoyo ese día.
Al final, lo que aportamos es mucho corazón. Ver cómo entran al colegio con 3 años, tan pequeñitos, y cómo salen en 2º de Primaria más seguros de sí mismos es una gran satisfacción. Saber que hemos formado parte de ese camino, junto a sus profesoras, es el mejor regalo para nosotras.



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